Innovación tecnológica: clave para los desafíos en los servicios legales

El elemento diferenciador que hace hoy en día más competitivas a las organizaciones con fines de lucro es la innovación y aplicación de inteligencia artificial a sus procesos de trabajo. Este elemento constituye, sin lugar a dudas, un componente esencial que se ubica a la par de la calidad de los recursos humanos y el prestigio de la marca que distingue a una organización.

Si bajamos esto al caso de los estudios jurídicos, se comprueba que si bien existen firmas muy prestigiosas con profesionales destacados, el plus que las hará distinguirse del resto es la incorporación de mecanismos que agilicen sus procesos y flujos de trabajo.

Así como el avance de la tecnología exige a los clientes reacciones cada vez más ágiles, requiriendo incluso la elasticidad de sus proyectos, los estudios jurídicos deben tener idéntica respuesta para no entorpecer y prolongar los objetivos a los que asisten. A fin de cuentas, las empresas (clientes) que logren mayor competitividad en el mercado serán las que se adapten y cubran más rápido las necesidades del ambiente. Esto se observa, por ejemplo, en las empresas que supieron abarcar en los últimos años nuevos canales de comercialización como e-commerce. Ahora bien, para aspirar a esa mayor competitividad, será necesario que la ‘tecnoestructura’ de las empresas, es decir, los analistas que sirven a dichas organizaciones pero que se encuentran fuera del corriente de trabajo operacional (estudios jurídicos, consultores en publicidad, etc.) estén a la altura de sus desafíos y sean igual de dinámicas.

Siguiendo esta línea, lo que hace décadas atrás asistía a la imagen y prestigio de un estudio jurídico: una ubicación privilegiada, una biblioteca abultada de tratados antiguos y algún referente académico, hoy se torna principalmente a la innovación tecnológica de la que estén dotados para acompañar a sus clientes frente a las exigencias del ambiente. Este es y será un elemento crucial para el posicionamiento de los estudios jurídicos y su mayor o menor demanda en el mercado de servicios legales.

Según términos de Mintzberg, académico en negocios y autor de la obra “Diseño de organizaciones eficientes”, podríamos afirmar que los estudios jurídicos están pasando de ser puramente una ‘burocracia profesional’ (‘burocracia’ lejos del sentido peyorativo que le damos los argentinos) a tener características de una ‘burocracia mecánica’, combinando estandarización de destrezas profesionales y de procesos de trabajo.

Desde ya, la necesidad de innovación tecnológica que un estudio jurídico deba incorporar atenderá a cada modelo en particular: clientes, cantidad de expedientes en trámite, etc., no siendo esta homogénea en todos los casos.

Desde el punto de vista del abogado individual, el escenario actual exige que, a más de las destrezas en su materia, posea habilidades para saber manipular, interpretar y aplicar las innovaciones tecnológicas de las organizaciones que forma parte, como así también conocer en detalle aquellas incorporadas por las organizaciones externas en las que se desenvuelve, entre ellas: plataforma digital del Poder Judicial o Trámites a Distancia de la Administración Pública, por mencionar algunas. Este nuevo paradigma se comprueba en los programas actuales de la carrera de Abogacía en varias universidades donde se observan contenidos relacionados con el análisis de la coyuntura en materia de innovación tecnológica y su interpretación y aplicación por parte del profesional.

Por último, es importante diferenciar al abogado que se especializa netamente en las recientes ramas originadas con motivo del avance de la tecnología -blockchain, e-commerce, criptomonedas- de los abogados que deben contar con las destrezas para acompañar individualmente los proceso de innovación en el ámbito que se desenvuelven, debiendo encontrarse esta última característica en todo profesional sea cual fuere su posición o especialidad.

 

Patricio Murphy

 

By | 2018-12-06T12:22:12+00:00 December 6th, 2018|Sin categorizar|0 Comments